Historia de la vid y el vino

El vino egipcio
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Grandes bodegas situadas junto a los templos de los faraones de la primera dinastía del Reino Antiguo (2.700 a.C.), demuestran que los reyes y sacerdotes consumían vino. Cinco variedades, probablemente elaborados en el Delta, constituían un “set canónico” o menú de productos que debían acompañar al cuerpo del muerto en la tumba.


En las tumbas de Saqqara y Abbydos, se encontraron vasijas cerradas con tapones de cerámica cónicos y sellados con arcilla fresca alrededor del cuello de la misma. Estos sellos han sido interpretados como un tipo primitivo de etiqueta, ya que proveen información del lugar de la bodega y su dueño. A partir de la lectura de esos sellos, se ha descubierto que el vino se cultivaba tanto en el Alto como en el Bajo Egipto en pequeños viñedos cultivados como jardines. Las pinturas en las paredes de las tumbas en Tebas (hacia el 1450 a.C.) permiten conocer los materiales utilizados como canastos de mimbre para recolectar uvas, lagares y vasijas de arcilla cocida.


Herodoto, el primer historiador de occidente, afirma erróneamente que los egipcios importaban todo el vino porque ellos no tenían. Sí es probable que importaran vinos desde el Mediterráneo porque su vino era de baja calidad.

Según Herodoto, los egipcios preferían el vino griego al que ellos elaboraban. Al referirse al comercio de exportación con Egipto, señalaba que, de la totalidad de las vasijas embarcadas con vino, ninguna ánfora vacía retornaba a Grecia, ya que estos recipientes gozaban de gran aceptación para conservar el agua en las zonas desérticas. Las ánforas griegas eran calafateadas con aceite de oliva. En ellas, el vino dejaba de ser una simple bebida y se convertía en un preciado artículo que conservaba sus propiedades durante un largo tiempo8
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