El corcho

Juega un papel fundamental a la hora de conservar el vino
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La función del corcho

El cometido principal del corcho es el de ayudarnos a conservar el vino en perfectas condiciones.

Es posible que al estar tan familiarizados con el uso del corcho parezca que es una tarea sencilla. Pues nada más lejos de la realidad. 

El corcho permite airear el vino pero en el momento en que la botella se sitúa en posición horizontal impide el paso del oxígeno. Todo ello sin que, por supuesto, se produzca ninguna pérdida de líquido y sin alterar ni un ápice su sabor. Además, es fácil de introducirse y de extraerse.

Algunos datos sobre el corcho

El corcho es un producto natural que se elabora a partir de la corteza del alcornoque. Son necesarios unos 9 años para que un alcornoque renueve la capa de corcho que le envuelve y el corcho del alcornoque no es apto para la realización de tapones de botella hasta, por lo menos, su tercer descorche. Esto quiere decir que un alcornoque comenzará a ofrecer corcho apto para la fabricación de tapones cuando tenga, aproximadamente, unos 40 años. Y lo seguirá haciendo hasta alcanzar casi los dos siglos.

El corcho es un material extraordinario que puede presumir de unas propiedades físicas idóneas para cumplir con su misión de conservar el vino:

  • Es poroso
  • Es impermeable a líquidos y gases
  • Es muy ligero
  • Es muy elástico
  • Su alto nivel de compresibilidad es compatible con un alto nivel de recuperación
  • Es aislante térmico
  • No tiene olor
  • Es muy difícil que se pudra

Los alcornoques proliferan en climas suaves con muchas horas de sol y humedad, condiciones que se dan en algunas regiones del sur de España y Portugal, los dos países que lideran la producción de corcho a nivel mundial. Y el 85% de la producción de la península se destina, precisamente, a la elaboración de tapones de botella. 

Por si todo esto fuese poco, la extracción del corcho es un proceso que respeta el medio ambiente ya que su impacto en la naturaleza es mínimo. Además, es un material renovable y biodegradable.

Los tapones de corcho

La forma más extendida de los tapones de corcho es la cilíndrica, aunque seguro que los has visto con otras formas (por ejemplo, la forma de seta característica de los tapones de los vinos espumosos). El tapón más utilizado es de 24 mm de diámetro que se comprime en el cuello de una botella de 18 mm. En los vinos espumosos el corcho está todavía más comprimido, de ahí el característico sonido al descorcharlos.

Cuando abramos una botella, debemos prestar atención al estado del corcho: que no esté roto, no presente grietas y únicamente esté manchada la superficie que estaba en contacto con el vino. Si no es así, es una señal de alarma.

 El corcho debe oler a vino, si huele a corcho o notas otro olor extraño, tenéis otra señal de que algo no ha ido bien.

La calidad del corcho

Como en todo, en el mercado hay corchos de mayor y de menor calidad: los hay de una sola pieza y también los hay que se construyen a partir de varias piezas. Los vinos de reserva exigen siempre un corcho de calidad superior. Para la conservación de los vinos jóvenes, de consumo rápido, puede ser suficiente con un corcho de gama media.

¿Hay alternativas al corcho?

No todas las botellas de vino llevan un tapón de corcho. Algunos se conservan con tapones sintéticos (habitual en vinos jóvenes) y otros con tapones de rosca. De hecho, abundan las discusiones entre los expertos de distintos países sobre cuál es la mejor manera de conservar el vino.

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