Botella

La historia
BOTELLAS
 Estamos acostumbrados a la botella estándar de 750 cc. y no a las de medio, de un litro o más. ¿Por qué? La respuesta tiene varias etapas y cortes históricos. Ya desde el siglo I más o menos que los romanos acostumbraban a usar una medida cercana a los 700 cc. para medir la ración diaria de vino, que mezclado con agua, consumían las personas en promedio durante la época. Más tarde, cuando en Europa descubrieron que el vidrio era el mejor contenedor para las bebidas, los maestros sopladores de botellas que trabajaban el producto, podían fabricar sin problemas recipientes de 700 a 800 cc. Si pensaban en un mayor volumen, tenían que volver a tomar aire, lo que hacía más engorroso el proceso. Otra vez, el vino a escala humana.
 
Pero la teoría más aceptada es que en la Europa medieval, la medida para el comercio era el galón inglés. Y como 750 cc. es casi la quinta parte de un galón, se llegó a la conclusión de que era el volumen más fácil de transportar por una persona, cabía en las carretas en grandes cantidades y los recipientes no estorbaban el comercio. De ahí pasamos a tiempos más contemporáneos, a la década de los 70, cuando los grandes productores de vino del mundo firmaron un acuerdo donde establecían los 750 cc. como medida estándar para el comercio del producto. Aunque por motivos relacionados a la mejor conservación del vino –en el caso de las botellas magnum-, el márketing o la moda, aparecieron botellas de mayor o menor tamaño. No importa, la botella de tres cuartos, vive y reina.
 
EL COLOR SÍ IMPORTA
 
En cuanto al color, considerando la fotosensibilidad del vino, se descubrió que el color verde y ámbar repelen de mejor formas las radiaciones ultravioletas e infrarrojas, por lo que protege mejor al vino durante su proceso de guarda. Es por el mismo motivo que las botellas para un vino que no es apto para una guarda prolongada tiene un color blanco o transaparente.
LA ELEGANCIA DEL CORCHO
 
Otro elemento muy importante en la botella es el corcho y la cápsula que recubre el mismo. En cuanto al primero, se dice que los romanos fueron los precursores de su utilización. Antiguamente se tapaban las botellas con tapones de madera envueltos en telas aceitadas, lo que hacía que la durabilidad de los vinos fuera muy poca. Pero los estudios del monje Dom Pérignon para tapar firmemente sus botellas de Champagne, hicieron que descubriera el corcho de alcornoque, tal como se conoce hoy en día.
DE LA CÁPSULA
 
Se dice que en la Europa medieval llegaban los ya famosos vinos franceses a todas las bodegas de los diferentes reinos, pero los bodegueros o encargados de guardarlo se lo bebían, lo que diezmaba las provisiones reales. Para evitar esto, se empezaron a sellar las botellas con lacre y el sello real, y solamente era sacado al momento de llevarlas a los banquetes. Este es el inicio de las cápsulas hasta que a fines del siglo XVIII se instauraron las primeras elaboradas con estaño.
LA FORMA DEL FONDO
 
La forma de las botellas se pudo empezar a estandarizar recién cuando se comenzaron a producir a escala industrial por allá por el siglo XIX. La más típica es la llamada “Burdeos” que tiene, si cabe el término, hombros pronunciados, pensando tanto en una forma anatómica como en la posibilidad de acumular potenciales borras en aquellos extremos. La segunda más conocida es la “Borgoña” y es de hombros caídos y cuerpo ancho. Destacan también las de Champaña -casi un estándar para todos los espumantes del mundo- y las destinadas al vino de Oporto.
Fuente: Lacav

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