La vid, tres características de todo buen vino

La vid es el punto del partida antes de disfrutar el vino. Conocer la variedad, su lugar de procedencia, junto con el suelo, el clima y las técnicas de vinificación, son determinantes en el vino de calidad
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Las variedades son el punto de partida antes de disfrutar un vino. Estas son las claves:

1. Conocer el tipo de uva

Mucho antes de la cata, conocer el tipo de uva que se ha utilizado en la elaboración del vino le da al consumidor la información necesaria sobre el sabor y carácter de vino que se va a beber.

2. Conocer la procedencia de la uva

Asimismo, conocer la procedencia de la uva puede darnos pistas sobre el vino. Una misma variedad de uva puede producir diferencias significativas según el lugar de donde provenga.

Así, el suelo, el clima y las técnicas de vinificación, junto con la variedad de uva son determinantes en el vino final.

3 Conocer el origen de la cepa

Las uvas se agrupan en racimos que son el fruto de la vid. En el pasado la vid era una planta silvestre trepadora de arboles (en algunas regiones aún se puede encontrar este tipo de cultivo), en la actualidad el viticultor elige cepas específicas en función del suelo y las condiciones de cultivo.

Aunque existen multitud de tipos de uva con las que se puede elaborar vino, algunas han sido seleccionadas por los viticultores por sus características particulares y las mejores producen los vinos más famosos del mundo.

Las cepas más conocidas proceden originariamente de Europa, son las llamadas cepas o variedades clásicas (vinos clásicos).

En Francia, particularmente, la región vitícola regula el empleo de variedades, lo mismo ocurre en Italia y España, aunque en algunos casos se han introducido variedades francesas para completar las cepas locales como el Cavernet Sauvignon en Toscana y la Chardonnay en Cataluña.

Los viticultores americanos han plantado grandes extensiones de terreno con cepas clásicas europeas, sin embargo como hemos visto, el vino final puede diferir mucho en sabor, puesto que la insolación, el clima, el suelo y otros elementos propios de un determinado viñedo, además de la técnica de vinificación posteriormente usada, influyen considerablemente en el producto final.

Sin embargo no sólo las variedades clásicas producen buen vino, existen multitud de vinos no clásicos originales y de alta calidad.

En la actualidad, la mayor parte de la producción mundial procede de cepas no clásicas que se cultivan por tradición, rendimiento o adaptación a los climas y suelos locales.

La mayoría de la uva cultivada proviene de la especie Vitis vinifera, natural de la Europa mediterránea y Asia central. En menor cantidad se producen en América y Asia la Vitis labrusca, natural de Estados Unidos y Canadá; la Vitis riparia, natural del este de Estados Unidos y norte de Quebec; la Vitis rotundifolia, natural del suroeste de Estados Unidos desde Delaware al golfo de México; la Vitis vulpina; y la Vitis amurensis la más importante de las especies de Asia.

Fuente: https://www.vinetur.com/

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