Competitividad, la mayor traba para los vinos

Para poder mantenerse en los mercados internacionales, los vinos argentinos necesitan competitividad. Pero se trata de un tema complejo que no se soluciona con una medida a nivel individual, sino que son varios los aspectos sobre los que hay que avanzar con la participación de la industria y los sectores políticos.
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Aravés de los años y merced a un trabajo desarrollado esencialmente por el sector privado, los vinos argentinos lograron instalarse en los mercados internacionales. Fue el malbec el que abrió las puertas del mundo, pero los industriales locales lograron instalarse en una franja interesante de precios, superiores a los de los vinos chilenos, por ejemplo, que permitieron en base a calidad crecer exponencialmente en las exportaciones.

De las escasas decenas de miles de dólares que se exportaban a principios de la década del 90, en 20 años se alcanzaron los mil millones de dólares en las salidas al exterior, incluyendo en esa cifra al mosto. Sin embargo, los cambios introducidos en la política económica en el Gobierno nacional, a partir de 2010, con un dólar desfasado respecto del crecimiento de la inflación, fueron modificando el escenario y generando que muchas bodegas, especialmente las boutique, que no contaban con un fuerte respaldo financiero, se vieran obligadas a dejar de enviar vinos al exterior.

La industria necesita reglas de juego claras y permanentes para poder competir internacionalmente. Es una necesidad incontrastable, cada espacio que se pierde en una góndola resulta muy difícil de recuperar. Más aún cuando los principales países del mundo, como Francia, España o Italia, impulsan las exportaciones.

Para alcanzar la competitividad se unen distintas variables. En primer lugar debemos hacer referencia al costo laboral. La vitivinicultura es una industria con mano de obra intensiva. En el sector primario, el 70 por ciento del costo de producción de un kilo de uva corresponde a mano de obra. Sin embargo, la actividad tiene el mismo tratamiento que la Pampa Húmeda, donde con dos o tres obreros se cubren decenas de hectáreas. Con un aspecto no menos inquietante: muchos piensan que para ganar en competitividad es necesario reemplazar la mano de obra por maquinarias (en la cosecha y en distintas tareas culturales), lo que podría convertir a la industria en un sector expulsivo, según señalan algunos dirigentes.

Otro aspecto a considerar es el de la presión tributaria. Al decir de fuentes consultadas, los impuestos en la Argentina son superiores a los de cualquier país del mundo, señalando a modo de ejemplo lo que sucede con el impuesto al cheque o las tarifas. Otro ítem esencial es el de los costos de logística. Se ha denunciado que sale más caro transportar un contenedor desde Mendoza a Buenos Aires que desde el puerto argentino hasta el de Hamburgo.

En relación con Chile, es seis veces superior. El problema fundamental se relaciona con la carencia de infraestructura ferroviaria: de acuerdo con una nota publicada recientemente por Los Andes, enviar un pallet en camión cuesta $ 1.309, mientras por vía férrea, 718. Pero, con las vías en tan mal estado, los industriales prefieren pagar la diferencia antes de sufrir los inconvenientes que presenta el transporte ferroviario actual.

A esos aspectos hay que sumar un tipo de cambio que ha quedado desfasado como consecuencia de que la inflación se comió la última devaluación, mientras a nivel internacional uno de los inconvenientes se plantea con la falta de acuerdos bilaterales de libre comercio con otros países, aspecto en el que Chile cuenta con una enorme ventaja.

El problema que enfrenta la vitivinicultura para poder superar los inconvenientes de la competitividad no se soluciona con una sola medida. De allí que resulta necesario que Gobierno, legisladores y la industria comiencen a trabajar en conjunto a efectos de alcanzar objetivos que terminarán en beneficio de la provincia en su conjunto. 

Fuente: Los Andes

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