TURISMO DEL VINO

APROXIMACIÓN A LAS BUENAS PRÁCTICAS
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Las visitas a bodegas son antiguas, existen registros de que ya había viajes organizados para este propósito en la época del Gran Tour, inclusive en épocas de la antigua Grecia y Roma. No obstante fue en el siglo XIX cuando el vino surgió como una forma de turismo de interés especial.
El turismo del vino ofrece muchas oportunidades de desarrollo local a los territorios con producción vitivinícola, cultura y bienes ambientales, paisajísticos e histórico-arquitectónicos que representan una herramienta importante para atraer al turista.


 Se define el turismo del vino como “los viajes y estancias dirigidas al conocimiento de los paisajes, las labores y los espacios de la elaboración del vino, y las actividades que acrecientan su conocimiento y adquisición y pueden generar desarrollo en las diversas zonas vitivinícolas”.
El turismo enológico es aquel que tiene su origen en las diversas manifestaciones del mundo del vino, tales como las tradiciones, los negocios, la salud, la gastronomía, las competiciones, el folklore, etc. orientadas al turismo.

 Los ejes fundamentales que sirven para conceptualizar de forma adecuada el enoturismo son los siguientes: (a) es una estrategia de los destinos para desarrollar atractivos vinculados a la industria del vino, participando empresas e instituciones; (b) determina un arquetipo de comportamiento en el consumidor, los amantes y los interesados en el vino o los que poseen interés en visitar regiones vinícolas y tienen respuestas diferentes ante vivencias similares; y (c) es la oportunidad que poseen las bodegas para ser formadas en las capacidades comerciales que deben desarrollar ante los consumidores actuales y nuevos .
A las características comerciales tradicionales del vino, se le ha incorporado otro valor agregado con rasgos más cualitativos, el atractivo turístico. Este fenómeno, que se extiende a escala mundial, es una nueva forma de hacer turismo al promover el conocimiento de la actividad vitivinícola en su totalidad y en el lugar de origen. Esta alternativa se conoce con el nombre de enoturismo o turismo del vino, y puede existir en paralelo con el desarrollo del turismo gastronómico donde la promoción de los recursos del vino y de la gastronomía es conjunta, pudiéndose captar turistas interesados en ambos conceptos.


Por enoturismo se entiende el desarrollo de las actividades turísticas y de ocio y tiempo libre dedicadas al descubrimiento y disfrute cultural y enológico de la viña, el vino y su territorio.Algunos de los pilares del enoturismo .

  • Cultura del vino. Es importante destacar el valor enológico-cultural de los recursos o servicios enoturísticos. Sin cultura del vino, no hay enoturismo. La cultura del vino es el eje temático de este producto/servicio y el turista debe percibirlo durante todas las etapas de su viaje y en cualquier componente de la cadena de valor enoturística. El carácter distintivo de los diferentes territorios se manifestará a través del vino y todas sus manifestaciones culturales: en las características arquitectónicas de la zona y las bodegas, en festivales, en el folclore, en la forma de trabajar la tierra y cultivar la vid, etc.
  • Turismo. El turismo y el turista son dos factores clave que determinarían claramente la demanda y la oferta del producto enoturístico. El turista, como elemento clave del negocio turístico debe estar en el punto de mira de cualquier medida o desarrollo de la oferta enoturística. Un aspecto de especial importancia para el éxito del desarrollo de este tipo de turismo es la calidad de los equipamientos turísticos de que dispone el destino y la existencia de servicios complementarios.
  • Territorio. Desempeña un papel muy importante y se establece como base o marco de referencia del desarrollo de la oferta ecoturística en destino. El territorio de la Ruta del Vino tiene que estar compuesto por espacios naturales y urbanos y por un entorno o ambiente general que lo identifique y le confiera su carácter distintivo e identificativo.
  • Sostenibilidad. Destaca que el enoturismo  ha de desarrollarse bajo los principios del turismo sostenible. Como conservar los recursos naturalesy culturales, el desarrollo turístico se planifica y se gestiona de forma que no cause serios problemas ambientales o socioculturales y los beneficios del turismo se reparten ampliamente entre toda la sociedad.
  • Autenticidad. La autenticidad del territorio y de la experiencia turística son factores muy valorados por el enoturista experimentado, frente al turismo de masas, producido en cadena y dirigido a un público escasamente diferenciado y con bajos niveles de exigencia.
  • Competividad. La competitividad de un destino enoturístico es el resultado de adaptar su oferta de productos y servicios y sus sistemas productivos a los cambios del mercado; y de hacerlo de manera que sea sostenible en el uso de los recursos, socialmente beneficiosos y rentables a largo plazo. En este sentido, existe una relación directa y clara entre el concepto de sostenibilidad y la competitividad. La sostenibilidad de un destino enoturístico no se puede entender sin la competitividad y viceversa.

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