Argentina, el marco ideal para la creación de los grandes vinos del nuevo mundo

Argentina es una de las reservas ecológicas del mundo. Dentro de esa diversidad de ecosistemas naturales, una serie de regiones altamente propicias para el desarrollo de la vid se extienden a lo largo de toda la región andina.
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Argentina es poseedora de una riqueza natural y paisajística notable, en ella conviven las cumbres con los llanos, la vegetación exuberante con la aridez absoluta, los bosques con las estepas y los glaciares con las cataratas.

El mapa vitivinícola del país comprende una vasta franja al oeste del territorio, ubicada de norte a sur, desde los 22 hasta los 42 grados de latitud. Allí existe una superficie cultivada de más de 217.750 hectáreas. En este contexto, y a lo largo de cinco siglos, la Argentina ha desarrollado una viticultura muy singular. Estas son algunas de la razones.

1. La Altitud.

Generadora de microclimas y diferentes terruños, la altitud, es ciertamente un carácter distintivo de la viticultura argentina que la diferencia del resto del mundo y se traduce en una notable expresión y variedad de los vinos.

2. Continentalidad del clima.

La fruta de los vinos argentinos es única, las regiones vitivinícolas se encuentran ubicadas en valles de altura donde predomina la continentalidad y el desierto está más cerca que el océano. Estas condiciones de viticultura son únicas en el mundo.

3. Diversidad de terruños.

Argentina es uno de los países más extensos del mundo y cuenta con la posibilidad de cultivar viñedos de calidad en muy extensas superficies. Es una tierra de contrastes y sus paisajes vitivinícolas se extienden desde las regiones más australes de Patagonia hasta el cobrizo norte desértico, con un cambio impresionante de regiones.

4. Baja fertilidad del suelo.

Muy pocos suelos del mundo son tan jóvenes y desprovistos de nutrientes. La alta mineralización del nitrógeno, uno de los nutrientes fundamentales, producida por el agreste clima lleva a que su contenido y disponibilidad sea bajo.

5. Clima seco.

Las buenas condiciones climáticas potencian la sanidad de las uvas. La precipitación anual oscila entre los 150 mm y los 400, por lo que muy pocos tratamientos fitosanitarios son necesarios y la uva se mantiene casi de manera natural. Gracias a esta sequedad se produce vino orgánico con facilidad.

6. Pureza del agua.

La calidad del agua de la cordillera de los andes es excepcional, apenas hay actividad contaminante  en las montañas que menoscabe este vital recurso. El agua de riego proviene del deshielo en la cordillera de los Andes.

7. El legado cultural del vino.

Argentina cuenta con un importante legado cultural del vino, que forma parte de su identidad como país productor, consumidor y exportador. 400 años de historia combinan la tradición y técnicas del nuevo y viejo mundo vitivinícola.

8. Malbec, la insignia.

Originaria de Francia, la variedad Malbec se ha adaptado al suelo argentino como a ningún otro en el mundo, encontrando las condiciones ecológicas ideales para su desarrollo y ofreciendo unos vinos excepcionales que le han valido a Argentina premios internacionales.

9. Torrontés. La variedad criolla.

Argentina es el único país del mundo que produce Torrontés. Su reconocimiento ha venido de la mano de los viñedos de la provincia de Salta y La Rioja. El microclima de la zona ha logrado un desarrollo increíble de esta variedad única, dando como resultado vinos afrutados y sabrosos que perduran en la boca y posteriormente en la memoria del visitante.

Fuente: http://www.catadelvino.com/

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